Horas de la Virgen María
(Flandes, siglo XV)

 

 

    uando la Edad Media inició su ocaso el hombre europeo comenzó a sentir mayores ansías de libertad y de autonomía. Fue entonces también cuando los cristianos concibieron la necesidad de una piedad más privada, de un contacto más directo con la divinidad. El libro de horas, que había hecho su aparición en siglos anteriores, fue el instrumento más adecuado para este nuevo acercamiento a Dios, ya que su texto no pasaba necesariamente por el control eclesiástico.

     Eran libros para los laicos, no sólo para reyes aristócratas, y por ello se realizaron muchos, hasta el punto de que forman la tipología del códice medieval más abundante. Su tamaño solía ser reducido, buscando la comodidad de uso, y en muchos casos se llevaban encima colgados del cinturón o en una pequeña bolsa. Por ello adoptaban también con frecuencia el aspecto de ricas joyas, con suntuosas encuadernaciones y profusión de ilustraciones con abundante uso de oros.

     Aunque pueden adoptar muchas variantes, todos los libros de las horas tienen una serie de elementos esenciales, agrupados en torno a las Horas de la Virgen, verdadero núcleo del libro, que constan a su vez de las ocho horas canónicas: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nova, Vísperas y Completas. Es este núcleo el que forma esta edición facsímil, enriquecida además con una miniatura correspondiente al Oficio de Difuntos.    
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     La edición recoge el texto en latín de las Horas de la Virgen y se ilustra con ocho miniaturas a página completa, una para cada una de las primeras siete horas y la última correspondiente al Oficio de Difuntos, todas ellas situadas en ricos folios dobles cuya decoración se comenta con suntuosas iníciales y orlas florales. El valor del códice se acrecienta con una hermosa encuadernación en oros y mosaicos del más importante encuadernador español del siglo XX, Emilio Brugalla.

     Las miniaturas pertenecen a un momento de máximo esplendor del arte europeo, el Flandes del siglo XV. La pintura flamenca, a partir de la revolución técnica y estilística impulsada por los hermanos Van Eyck, conoció un momento de esplendor inusitado a lo largo del siglo XV que serviría de ejemplo a numerosos países, entre ellos España. La ciudad de Brujas probable lugar de realización de este códice se convirtió durante este período en el corazón económico y artístico de Flandes. La influencia de la pintura de Hans Memling se hace patente en los miniaturistas de mediados de la centuria, con Willem Vrelant a la cabeza, pero a través de una notable simplificación, fruto, entre otras cosas del cambio de escala. Del estilo grandioso de retablos y trípticos se llega, en las pequeñas páginas de estas Horas de la Virgen, a un estilo sencillo e ingenuo de gran encanto, en las que las escenas religiosas tienen como escenario el mundo rústico del Flandes tardomedieval.

     La edición facsímil de esta pequeña joya se acompaña de un libro estudio con textos de don Felisindo Basteiro acerca de los libros de horas, y de don Javier Docampo, bibliotecario y experto en miniatura gótica renacentista, que realiza un completo análisis de las miniaturas desde un punto de vista iconográfico y estilístico también estudia la miniatura flamenca del periodo para situar la realización del códice en un taller brujense de los años centrales del siglo XV.

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